
Al igual que sucede con otros juegos de casinos, el origen del baccarat es bastante incierto. Hay teorías que ubican su nacimiento en Francia, otras en Italia y finalmente hay quienes aseguran que el juego tuvo su origen en Inglaterra.
Los franceses afirman que el baccarat fue inventado en su país por Chemin de fer. Esta persona, además, habría sido la encargada de dar a conocer el juego en tierras inglesas. Por otra parte, en cuanto a los italianos, ellos aseguran que fue Felix Falguirein el responsable de haber creado el baccarat. Este juego, según ellos, se remontaría hacia la Edad Media. Antiguamente, habría sido jugado con mazos de cartas de Tarot.
Uno de los más famosos apostadores del siglo XX en Las Vegas, Tony Renzoni, fue quien llevó el juego a los casinos norteamericanos por los años 1950s. La versión americana de este juego nació a partir del aporte de Renzoni y de la herencia del juego ofrecida por Chemin de fer. Este último había importado el juego de la isla de Cuba, antes de los años 60s.
Como suele ocurrir con otros juegos de este estilo, el baccarat original era jugado solamente por participantes que tenían enormes bancas. Esto fue posteriormente acentuado en los Estados Unidos con la aparición de las primeras películas de James Bond. En ellas, el notable hombre de acción era visto en casinos apostando enormes sumas de dinero en las mesas de todo tipo de juegos (incluido el baccarat).
En la versión americana del baccarat, uno de los primeros cambios que fueron implementados fue el lugar asignado a la banca. En los establecimientos de apuestas norteamericanos, el casino siempre es quien actúa como la banca.
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