Algo de Historia del Bingo II

Según cuenta la historia, el conocido empresario de los juguetes Edwin S. Lowe, después de haber presenciado el exitoso juego en una feria, organizó un evento de “beano” en la ciudad de New York. Se dice que un día, en un arrojo de emoción y excitación, un jugador gritó “bingo” en lugar del clásico “beano”.

Desde entonces, el juego fue rebautizado como Bingo. Al contrario de lo que se supone actualmente, el furor de este juego no está relacionada con la modalidad del bingo. De hecho, la popularidad alcanzada por este juego se debe especialmente al curioso acontecimiento que tuvo lugar en New York y rebautizó al juego con el nuevo nombre.

Actualmente, el bingo moderno agrupa a toda una serie de juegos diferentes que fueron tomando elementos de las primeras versiones del bingo clásico. Gracias a los últimos desarrollos tecnológicos, ahora también es posible disfrutar de variantes de países remotos y jugar en salas de bingo de todo el mundo. Los últimos desarrollos en bingos incluyen gráficos de alta definición, animaciones y sonidos en tiempo real.

De todas maneras, no se puede negar que el bingo siempre se ha mantenido fiel a sus primeras raíces. Es que, a pesar de haber evolucionado con cambios que agregaron mayor diversión y entretenimiento, el bingo siempre fue y será conocido como uno de los pocos juegos realmente divertidos que atraen por igual a niños, jóvenes y personas mayores; a aquellos que desean ganar dinero y a los que solo buscan un momento de relax y diversión.

Algo de Historia del Bingo I

Si nos remontamos hacia los orígenes de la historia del bingo, comprobaremos que este juego data, al menos, del siglo XVI. El primer país en el que se lo conoció fue Italia. Allí lo jugaría el pueblo durante algunas decenas de años.

Poco tiempo después, este juego recibiría el nombre de “Lo Giuoco del Lotto D’Italia”. En Francia, en el siglo XVIII, un hombre francés dio a conocer un juego conocido como “Le Lotto” que, en esencia, era muy similar al juego italiano que hoy conocemos como bingo.

Los elementos que se utilizaban comúnmente en esta época para jugar al bingo eran los porotos. Las legumbres eran colocadas sobre las tarjetas de juego que incluían una serie de número con los que uno participaba. Cada poroto se ubicaba sobre un solo número. El participante que completaba todos los números resultaba ganador. Cuando el juego llegó a los Estados Unidos, era común que el ganador gritara “beano” (de bean, poroto).

Para rastrear de manera exacta cómo se fue transformando el término que nombra a este juego es necesario estudiar una serie de detalles. Un incidente histórico en particular parece haber sido decisivo en el nombre que recibió este entretenimiento.

En el año 1929, un vendedor de juguetes nacido en New York, Edwin S. Lowe, vio a varias personas jugando “beano” en un carnaval cercano a Atlanta. Según cuenta la historia, la gente de la feria estaba tan emocionada con el nuevo juego que el dealer tenía que dispersar a las personas con gran trabajo para que no se abalanzaran sobre él.