Ser o No Ser, he ahí la Cuestión

El apasionante juego del Black Jack plantea momentos de interesantes disyuntivas, como cuándo pedir cartas, o cuando plantarse. Veamos varias situaciones para saber qué es lo más conveniente.
Por supuesto, este tipo de análisis es puramente racional. Esto es, no se toma en cuenta aspectos de la personalidad del jugador. Un consejo que vale no sólo para el Black Jack, sino para todos los juegos de casinos: en general las corazonadas que van en contra de las posibilidades matemáticas, no sirven. Las matemáticas siempre ganan, o casi.
Por eso, si hay algo que afecta la performance del jugador –cansancio, distracciones, estados emocionales particulares, depresión, nervios, o por el contrario, excesiva confianza, exultación- no conviene jugar.
Los juegos de azar tienen como finalidad, o deberían tenerlo, simplemente disfrutar el momento. Por eso, márquese un límite de apuestas, y vaya dispuesto a perder este dinero, como si fuera el precio de una entrada a un show, u otro gasto de este tipo.
Pongámonos en situación: está usted, el croupier y el mazo de naipes. Qué hacer. Si sus cartas dan menos de diez, no lo dude, pida más. La carta más alta que le puede salir es el as, sumará 11 ó 1, según decida el jugador. Se recomienda que cuando sus cartas sumen 17 deje de pedir.
¿Por qué? Porque tiene grandes chances de superar 21, dado que cualquier carta que sume más de 4 lo deja automáticamente afuera, lo cual hace que la mayoría de las cartas que quedan en el mazo no le sirvan.
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