
En la primera parte de nuestro artículo nos referimos a la importancia de seguir el recorrido del zapato en Baccarat (en la modalidad en la que éste va pasando de jugador a jugador, es decir, al jugarlo en una sala). Según lo que haga el apostador que tiene el zapato en cada momento, así tendremos que adecuar nuestras futuras jugadas.
Si notáramos que un apostador siempre reparte empates cuando tiene el zapato, puede ser una buena idea apostar a esta jugada cada vez que el zapato caiga en sus manos.
En salas con apuestas máximas a empate de $500, son muy pocos los apostadores que se atreverán a apostar más de $40 o $50 a este resultado. Sin embargo, en ocasiones, tendremos indicios que nos permitirán hacer apuestas un poco más osadas.
Puede que al principio perdamos alguna que otra apuesta de esta manera, pero podremos regular la cantidad de dinero invertido por medio de apuestas en escalada. Lo mejor es realizar apuestas previas de prueba, que pueden ser de $100 y $300, respectivamente. Si vemos que en al menos una o dos de las apuestas de prueba tenemos un resultado positivo, lo ideal sería empezar a apostar directamente los montos máximos (en este caso, $500).
Lo más probable es que todos los jugadores presentes en la sala se sorprendan cuando nos vean apostar esta suma de dinero a empate. Más se sorprenderán más tarde, cuando nos vean ganar dicha apuesta.
Las tendencias de empate suelen acompañar a un jugador más tiempo del que éste o los demás apostadores de una sala suponen. Por ello, si jugamos Baccarat no podemos dejar de prestar atención a este detalle.
