
Todos miran al tallador con ansiedad mientras reparte sus cartas. Por fin nos tocan las nuestras, y con esperanza de que sean algo decente les echamos un vistazo.
Pero, nada, un cuatro de trebol y un dos de pica. ¿Qué hacer? ¿Nos vamos ya, y nos ahorramos mayores pérdidas, o esperamos un poco?. Matemáticamente, las chances de recibir mejores cartas están directamente condicionadas por la cantidad de jugadores que hay en la mesa.
A mayor número de jugadores, menos chances hay de que podamos armar juego con lo que tenemos contando con eventuales “regalos” que nos vengan en el flop y el turn.
Entonces, volviendo a nuestros modestos cuatro de trebol y dos de pica, ¿qué hacer? Bueno, bluffing parece ser nuestra única opción, si estamos decididos a no retirarnos. Además, las chances de arañar alguna ganancia se incrementan si somos mano.
Entonces, tenemos dos columnas en las que apoyarnos: nuestra personalidad y las cartas comunitarias. Vale decir, de las cinco cartas comunitarias, si somos mano, las mismas jugarán a nuestro favor. Esta estrategia se denomina “jugar con la mesa”.
Ahora bien. Imaginemos que con el conjunto de las cartas comunitarias, contando las cinco, llegamos a un modesto trío de reinas. Bueno, estamos en muy buena posición para pelear. Primero debemos hacer creer a los demás que arrasamos, como siempre.
Cuidado con engañar todo el tiempo, o muy pronto los adversarios nos tomarán la mano, y podrán leer nuestros engaños con facilidad. Y, como segundo paso, tenemos que presionar a los demás jugadores para que cometan errores. Su debilidad es nuestra fortaleza.
